El 27 de Agosto se llevó a cabo en Santa Ana, una localidad ubicada al Sur de la provincia de Tucumán “El Día de la Memoria de Santa Ana”, bajo el lema “Recuperando Nuestra Identidad y Nuestra Historia”, con el objetivo de conmemorar los 46 años del cierre del Ingenio. Esta jornada fue organizada por la Fundación F.I.S.A. (ex ingenio), los vecinos del pueblo y La Cámpora Santa Ana. Comenzó con una emotiva ceremonia a cargo de historiadores locales y luego se dio inicio al torneo de fútbol infantil, del cual participaron distintas escuelas del lugar.
Aproximadamente a las 12 de mediodía los participantes pudieron disfrutar de rico y calentito locro, mientras el Ballet Lazos de Luna y La Agrupación Guacha hacían su presentación.
El día finalizó con un recital, en cual tocaron dos bandas pertenecientes a la Escuela de Música Comunitaria, mientras el público se despedía de un maravilloso día bailando al ritmo del rocanrol. La primera fue “Fiebre”, formada por alumnos de los secundarios y luego fue el turno de “Destino”, integrada por jóvenes profesores.
El encuentro sirvió además para recordar y revalorizar la historia de Santa Ana, que entre el mito y luchas sociales supo configurar su propia identidad y derechos, para que las generaciones presentes y futuras puedan disfrutar de ella plenamente y ser protagonistas de su desarrollo. Como vine sucediendo a partir de las políticas de reparación histórica y recuperación de identidad que pusieron en marcha los gobiernos de Néstor y Cristina.
Un poco de Historia
El ingenio y refinería Santa Ana nació en el año 1889, su propietario fue un francés llamado Colomiro Hilleret. Esta fábrica llegó a ser uno de los más grandes de Sud América , convirtiéndose en una verdadera ciudad. Durante el Estado de Bienestar el gobierno peronista, expropio al coloso a la familia Hilleret, para que pase a ser administrada por manos estatales.
Funciono muy bien hasta el año 1966 cuando el gobierno de facto de Onganía, a través de la Ley de Cierre de Ingenios, cerró definitivamente la fábrica, llevando a Santa Ana a una profunda depresión política, social y económica. El cierre del ingenio se hizo a través de una invasión militar que les costó la vida a muchos habitantes del pueblo. Ya que los obreros y su mujeres se enfrentaron al ejército para evitar que demolieran las chimeneas y las instalaciones de su principal fuente de trabajo, por esto fue inevitable y finalmente gran parte del ingenió fue destruido.
Luego en los años 70 Atoño Bussi convirtió lo que quedaba de la fábrica de azúcar, en el mayor centro de detención y exterminio clandestino de la región.
La historia de Santa Ana se construyó en base a mitos y leyendas que Hilleret y años más tarde Bussi utilizaron para dominar al pueblo y evitar cualquier tipo de organización social, que pudiera atentar contra el “orden y administración” del negocio. El mito más conocido fue el del “Familiar” inventado por Hilleret, que trataba de un pacto que el propietario hace con el diablo para cuidar su fortuna. Fue entonces cuando Hilleret recibe la visita de un gran perro de ojos brillantes que velaría por su dinero, por el orden y la disciplina desde los túneles que comunicaban el ingenio con la casa del patrón.
Casualmente el perro familiar siempre elegía como carnada a todos aquellos obreros que se revelaban y reclamaban mejoras sociales. Con este mito del “Familiar” logró esconder, casi por cien años, ciento de muertes producidas por la explotación y las terribles condiciones laborales a las que se sometían a los empleados.
Años después Bussi revivió con toda su fuerza el mito del perro para justificar las torturas y desapariciones de obreros, luchadores sociales, militantes guerrilleros del ERP que intentaron luchar por un país libre.
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